Las antiguas civilizaciones de Mesopotamia desarrollaron una de las mitologías más complejas e influyentes de la Antigüedad. Según sus relatos, el universo surgió de un caos primigenio dominado por las aguas dulces de Apsu y las aguas saladas de Tiamat. De su unión nacieron las primeras generaciones de dioses hasta que el poderoso Marduk, patrón de Babilonia, derrotó a Tiamat en una batalla cósmica y creó el mundo con su cuerpo, estableciendo el orden del universo y el reparto de las distintas esferas entre las divinidades.
Entre los principales dioses mesopotámicos destacaban Enki, señor de las aguas dulces y protector de la humanidad; Enlil, dios del aire y del viento; Marduk, dios de la tormenta y héroe de la creación; e Ishtar, diosa del amor, la belleza, la guerra y la fertilidad. Estas divinidades gobernaban tanto los fenómenos naturales como las ciudades, y eran veneradas en los grandes zigurats, considerados auténticas moradas terrenales de los dioses.
La visión mesopotámica del ser humano era profundamente práctica: los hombres fueron creados por los dioses a partir de barro y sangre divina para trabajar y sostener el orden del mundo mediante sus esfuerzos y ofrendas. Cuando la humanidad creció en exceso y se volvió demasiado ruidosa, los dioses decidieron destruirla mediante un gran diluvio. Sin embargo, Enki advirtió a un hombre llamado Atrajasis, quien construyó una embarcación y logró salvar personas, animales y conocimientos, protagonizando una historia que anticipa los relatos posteriores del Diluvio Universal.
La gran obra literaria de Mesopotamia es la Epopeya de Gilgamesh, considerada la narración épica más antigua conservada. En ella, el rey de Uruk emprende una búsqueda desesperada de la inmortalidad tras la muerte de su amigo Enkidu. A través de aventuras, encuentros con seres extraordinarios y el relato del diluvio, Gilgamesh descubre que la inmortalidad pertenece únicamente a los dioses y que el destino humano consiste en aceptar la muerte y encontrar sentido en la vida. Este mensaje, sorprendentemente moderno, convirtió la epopeya en uno de los textos fundamentales de la historia de la humanidad.