Diez minutos antes de las 19 horas del jueves 12 de febrero, el Salón Sorolla del Ateneo Mercantil de Valencia ya estaba lleno para hablar de toros con Vicente Ruiz “El Soro”, historia viva de la tauromaquia valenciana, cuya entrada en el salón fue acogida con una clamorosa ovación.
Un documental de 20 minutos, en el que se repasa la carrera profesional del maestro de Foios y el durísimo proceso de su recuperación —que puede condensarse en la idea de que la fuerza de la fe es capaz de superar todas las barreras—, sirvió de paseíllo para una tarde memorable.
La mesa presidencial estaba formada por Vicente Ruiz “El Soro”, Nicasio Jiménez a su izquierda y Salvador Chapa, cronista del acto, a su derecha. En homenaje a Amado Martínez, Paco Honrubia, Paco Arévalo y Fernando Esteso, fallecidos en los últimos meses, Vicente interpretó a la trompeta el Ave María de Schubert, primer gran momento emocional de la tarde.
Nicasio Jiménez saludó al público y destacó la figura de “El Soro”, al que no le cabe el corazón en el pecho y que está dando una lección de humanidad y coraje para superar sus adversidades. Como ejemplo, recordó su regreso a los ruedos en Xàtiva el 17 de agosto de 2014, una hazaña en la que la pasión venció a sus limitaciones físicas. La revolución sorista en el toreo puede simbolizarse en sus 122 peñas.
Vicente agradeció estas palabras, dedicó un recuerdo a Enrique Mora Guillem, Salvador Boix, Pepe Alcamí y Lina Herranz, y se mostró muy satisfecho de estar rodeado de doctores como Daniel López-Quiles y toreros como Vicente Luis Murcia, Guillermo Císcar “Chavalo”, Víctor Manuel Blázquez y otros compañeros de profesión.
Le apasiona hablar de toros. Vive la vocación como un enfermo de torear que considera el traje de luces su segunda piel y aspira a dejar huella en la tauromaquia.
Nacido en el seno de una familia taurina de la huerta de Foios, conoce bien las tareas del campo en las que se ha forjado. Su primera vocación, como la de tantos niños valencianos, fue la música, con el fiscorno como instrumento, pero pronto nació su obsesión por ser torero tras ver en la Feria de Fallas a Palomo Linares, Manuel Benítez “El Cordobés” y Joaquín Bernadó. Al volver al pueblo anunció a su padre su decisión. Este le sugirió ser picador, pero Vicente optó por ir por los pueblos en busca de las vacas de Vicente Peris y Vicente Machancoses. En Picanya pidió dar sus primeros pases, y Pedro Toledano y El Choni le animaron a presentarse a “Valencia busca un torero”.
Dos bypass en la pierna derecha son el tributo de abrazar esta profesión, en la que ha sufrido 69 operaciones quirúrgicas que le han enseñado a respetar y amar la vida. Entre el público se encontraban alumnos de la Escuela Taurina de Valencia, a la que definió como escuela de vida y dignidad, con un catecismo de valores como el honor, el respeto y el decoro, que desea trasladar a las nuevas generaciones.
Recordó también su experiencia en 1996 como mozo de espadas de Rafael de Paula, cuando comprendió que el jerezano se había convertido en un héroe clásico al salir al ruedo.
En su exposición, cercana y emocionante, evocó a grandes banderilleros valencianos como Manolo Montoliu, Paco Honrubia, Pepe Martí, Eliseo y José Manuel Capilla. De Montoliu, hombre culto y preparado, aprendió a clavar los garapullos. Desde el inicio tuvo claro que debía ejecutar la suerte con pureza y pasión, pero aportando su propio estilo, del que nacieron el par moviola, el par miguelete y, especialmente, el par remolino.
Evocó también figuras como Manolo Arruza, Pepote Bienvenida, Miguel Mateo “Miguelín”, Ángel Teruel, Paco Alcalde, Victor Mendes o Luis Francisco Esplá, así como los quiebros de Morenito de Maracay y Víctor Manuel Blázquez.
Para Vicente, todo es posible con ilusión y entrega. Es consciente de su papel en la tauromaquia valenciana, lo que le impulsa a seguir adelante. Ha vivido un camino de sacrificios, pero también de apoyo de personas y entidades como el Club Taurino de Foios. El sorismo, entendido como una forma de mirar la vida de frente, ha servido de inspiración para la Escuela Taurina de Valencia.
El momento más intenso de la tarde llegó con la descripción de la sepsis sufrida en enero de 2020 a raíz de una prótesis de rodilla. Intubado y sedado, con un fracaso multiorgánico, estuvo a las puertas de la muerte hasta despertar con el firme propósito de hacer el bien.
Su programa El remolino está al servicio de la tauromaquia. Considera que los toreros deben dejarse ver y querer para mantener viva la afición, recordando como ejemplo a Paquirri.
Como intermedio musical, interpretó con su trompeta un fragmento del Concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo, que arrancó una nueva ovación.
El toque humorístico llegó con anécdotas como el bocadillo de favetes i llonganissa tras una intervención quirúrgica o cuando, en reanimación tras un stent, se comió la comida del compañero de sala.
A las 21 horas, con una Diana floreada interpretada por el maestro de Foios, se cerró una sesión memorable por la categoría humana y el carisma de su protagonista. La próxima tertulia se celebrará el 19 de febrero a las 19 h., con la presencia de Francisco Ponz, Puchano.
Salvador Chapa