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La sencilla naturalidad de un veterano

Hablando de toros con Francisco Ponz Puchano
19 de febrero de 2026

En la Sala de la Tertulia, en el 7º piso del Ateneo Mercantil de Valencia, se reunieron cuarenta aficionados el jueves 19 de febrero de 2026 a las 19 horas para hablar de toros con Francisco Ponz Puchano, un veterano en la suerte de varas que se ganó al público por su sencilla y humilde naturalidad.


Nicasio Jiménez tomó la palabra para saludar a los asistentes y presentar al invitado, Francisco Ponz Puchano, que quiso ser torero hasta que en 1995, bien aconsejado, se hizo picador y pudo seguir vistiendo de oro.


En una conversación distendida e informal con Nicasio, Puchano afirmó que la escuela de picadores es el campo; que se ahorma al toro para que embista más templado; que la presión que se ejerce con la vara depende del empuje de la res; y que las cuerdas hacen daño después de que la arista abre el camino. Sangrado el toro, se relaja y pierde violencia. Si aciertas, te sientes el hombre más feliz del mundo. Los picadores intentan siempre hacerlo bien, pero las circunstancias imponen la realidad de la ejecución. El topetazo contra el peto congestiona y marea al toro, que luego se recupera. Sabes cómo entra al caballo, pero no cómo va a salir.


Al público francés le interesa y le gusta mucho la buena ejecución de la suerte de varas. El hecho de que el toro se arranque de lejos impresiona tanto al picador como a los aficionados en el tendido. Muchos toros indultados mueren antes de volver al campo. Se cierra la herida si se le ha picado desde arriba.


Sin saber montar a caballo, con 23 años decidió probar a ser picador. El 20 de agosto de 1995 toreó su última novillada. En la empresa le dijeron que esperara hasta el año siguiente. Al día siguiente habló con Copete para pasar a banderillero, pero este le propuso hacerse picador: disfrutaría más años de la profesión arriesgando solo cinco minutos cada tarde. En septiembre debutó de monosabio en Algemesí.


El entrenamiento consiste primero en montar, montar y montar, y después ejercicios con el palo y el caballo. El monosabio es una esponja que observa todo lo que ocurre en el ruedo durante la suerte de varas. En menos de un año debutó vistiendo de oro y con el castoreño en la Plaza de Toros de Valencia, en la Feria de Julio, con la suerte del novato en un trabajo muy exigente. Se había preparado picando un algarrobo tras fijar el punto donde clavar la puya.


El caballo de picar, con un peso entre 600 y 650 kilos, tiene oficio, sabe colocarse y moverse. El jinete debe mantener la sangre fría al esperar al toro y no transmitir miedo a su cabalgadura. Recibir con el pecho es lo mejor y permite rectificar.


En cada plaza hay una cuadra con doma básica. Con los años se conocen y se aprende de su comportamiento. El picador más antiguo elige caballos y puyas. Así, en sus primeros años, Puchano aprendió a “bailar con la más fea” y a curtirse con la experiencia. Disponen de diez minutos para acoplarse al caballo.


La vara mide 2,5 metros, lo que exige fuerza en los brazos. Se llama al toro si está lejos; si está cerca, no es necesario. Le gusta que le aplaudan cuando hace bien su trabajo, aunque tiene claro que lo importante es el triunfo del matador. Si aciertas, no te cambias por nadie, pero no hay que creérselo. La regularidad es clave.


La raya es la defensa del picador, una protección cerca de tablas que muchas veces el público no entiende. Cuando no está a la distancia reglamentaria, se percibe.


En la cuadrilla de Juan Bautista ha estado 20 años, con una media de 25-30 corridas por temporada, lo que explica su menor presencia en España. Mantiene una gran relación con el maestro francés, al que considera amigo, y por ello no ha aceptado ofertas de otros toreros. El día 28 inicia temporada con Marco Pérez en la plaza de toros de La Flecha.


Los viajes refuerzan la relación entre los miembros de la cuadrilla. Son compañeros elegidos por el maestro. Cada uno conoce su papel en el ruedo sin necesidad de indicaciones. Recuerda la consigna de Juan Bautista: cuando veáis el capote, quitad el palo.


En el toreo, cada día es distinto: toro, caballo, plaza, público… Esa imprevisibilidad es lo más bello, lo más difícil y lo más efímero de la profesión. Ante el toro hay que improvisar para resolver lo inesperado.


El picador se costea su indumentaria; las varas las proporciona la plaza. Las puyas llegan precintadas y son revisadas. La de novillos es ligeramente menor, diferencia que se nota. Con novilleros, la responsabilidad aumenta.


Los seis picadores madrugan para elegir entre los catorce palos disponibles, lo que da lugar a anécdotas. En plazas de primera, los palos se preparan antes del sorteo con la etiqueta del picador.


Se siente agradecido al consejo de Copete, aunque nunca olvida que en su debut, el 27 de julio de 1996 en Valencia, se produjo la trágica muerte de Curro Valencia, circunstancia que pudo haber cambiado su vida profesional.


En 2025 participó en 70 corridas y calcula que le quedan dos temporadas. Planea aprender francés, ya que su hija vive en Normandía, donde también reside su nieta.


Estas vivencias de un hombre sencillo provocaron una atronadora ovación, una de las más intensas recordadas en la Sala de la Tertulia. Posteriormente, Puchano respondió con cercanía a las preguntas del público:

  • La indumentaria y el peto, de 30 kilos, son incómodos pero imprescindibles.
  • No hay ceremonia especial al pasar de novillos a toros.
  • Asume su imagen de incomprendido ante parte del público.
  • El toro actual está más preparado físicamente.
  • El monosabio es clave en caso de caída.
  • Los caballos deben moverse bien; en Francia son más finos.
  • Recuerda a grandes picadores como Paco Atienza, Aurelio García y Manolo Quinta.
  • La vara es de haya o fresno, y la puya se ajusta con papel.
  • Los caballos hoy están mucho más preparados.

A las 21 horas se cerró la sesión con una fuerte ovación a Puchano, poniendo fin a una tarde muy animada. El jueves 26 de febrero, a las 19 horas en el Teatro del Ateneo Mercantil, tendrá lugar la entrega del Premio Distinción Enrique Mora Guillén 2025 al maestro Víctor Manuel Blázquez.

Salvador Chapa

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