La ponencia de Ramsés Oviedo Pérez partió de una pregunta tan sencilla como profunda: si las sociedades actuales siguen siendo realmente capaces de convivir. A partir de esta cuestión, el ponente presentó la figura de Ignacio Ellacuría, uno de los pensadores más influyentes de la filosofía latinoamericana del siglo XX, cuya obra estuvo marcada por la búsqueda de una comprensión crítica de la realidad histórica. Su trayectoria intelectual y vital apareció estrechamente ligada a la defensa de la dignidad humana, al análisis de las injusticias estructurales y a la convicción de que la filosofía debía comprometerse con los problemas concretos de su tiempo. Desde esta perspectiva, se propuso una reflexión sobre los desafíos que afrontan hoy las sociedades contemporáneas tras fenómenos como la pandemia, la fragmentación social y la creciente digitalización de la vida cotidiana.
A lo largo de la exposición Ramsés Oviedo se explicó cómo Ellacuría concebía al ser humano como un ser constitutivamente abierto a los demás, cuya existencia se desarrolla siempre en relación con otras personas y dentro de una realidad compartida. Conceptos fundamentales de su pensamiento, como la respectividad, el nexo social o la habitud social, sirvieron para mostrar que la convivencia no es simplemente una cuestión de cordialidad o de buenas maneras, sino una dimensión esencial de la propia condición humana. La sesión destacó que cada individuo nace inmerso en una red de relaciones, instituciones, valores y significados que condicionan su manera de comprender el mundo y de actuar en él. Desde esta óptica, la convivencia apareció como una tarea permanente que exige responsabilidad colectiva y conciencia de la interdependencia que une a las personas y a las comunidades.
Uno de los aspectos más sugerentes de la intervención se centró en el análisis de las nuevas formas de convivencia surgidas en la era digital. El ponente examinó cómo las tecnologías, las redes sociales y los algoritmos están transformando las relaciones humanas, modificando la comunicación, el trabajo, la educación y la participación pública. Lejos de presentar una visión exclusivamente negativa o positiva, se planteó la necesidad de reflexionar críticamente sobre el modo en que estas herramientas configuran nuestra experiencia cotidiana. La digitalización fue presentada como una realidad que ofrece oportunidades inéditas de conexión, pero que también puede favorecer dinámicas de aislamiento, polarización o deshumanización si no se orienta hacia el fortalecimiento de los vínculos sociales y de la dignidad humana.
La intervención concluyó reivindicando la vigencia del pensamiento de Ellacuría para comprender los grandes retos del presente. Más allá de las circunstancias concretas de América Latina en las que desarrolló su obra, sus reflexiones fueron presentadas como una invitación a asumir la responsabilidad histórica de transformar aquellas estructuras que generan exclusión, desigualdad o sufrimiento. El recorrido mostró que convivir no significa únicamente compartir espacios, sino construir un horizonte común basado en la justicia, la solidaridad y el reconocimiento mutuo. Como idea final, se subrayó que la convivencia sigue siendo una tarea inacabada que requiere pensamiento crítico, compromiso ético y una voluntad constante de construir una sociedad más humana y más consciente de su destino compartido.