La conferencia de Amando García ofreció una amplia panorámica de la pintura española desarrollada entre finales del siglo XIX y los primeros años del siglo XX, una etapa marcada por la extraordinaria calidad de sus artistas y por la profunda transformación estética que estaba experimentando el arte. A lo largo de la sesión se analizaeon las diferencias entre el academicismo heredado del siglo XIX y las nuevas corrientes que comenzaban a abrir el camino hacia la modernidad, configurando uno de los momentos más brillantes de la historia de la pintura española.
El recorrido se detuvo en algunos de los grandes maestros del paisaje y el retrato, como Aureliano de Beruete, Darío de Regoyos, Ignacio Pinazo, Ramón Casas, Enrique Martínez Cubells o Ignacio Zuloaga. A través de sus obras se mostraban las múltiples sensibilidades artísticas que convivían en aquellos años, desde las visiones más tradicionales hasta las propuestas más innovadoras. La conferencia destacaba especialmente la riqueza cromática, el tratamiento de la luz y la capacidad de estos artistas para reflejar tanto la realidad cotidiana como las profundas transformaciones sociales y culturales de su tiempo.
Uno de los ejes centrales de la ponencia se centraba en la figura de Pablo Picasso y en la extraordinaria evolución de su lenguaje artístico durante sus primeros años de carrera. Se analizaban obras pertenecientes a distintas etapas de su producción temprana, desde los retratos de juventud hasta el periodo azul y las revolucionarias Señoritas de Aviñón, mostrando cómo el pintor malagueño iba rompiendo progresivamente con las convenciones académicas para convertirse en uno de los artistas más influyentes de la historia del arte contemporáneo.
La conferencia concluyó con una especial atención a Joaquín Sorolla y a la extraordinaria aportación de la pintura valenciana a este periodo de esplendor artístico. Obras como Playa de Valencia, El balandrito, Paseo a la orilla del mar o los magníficos retratos realizados por el maestro valenciano permitían comprender la importancia del luminismo y la capacidad de Sorolla para captar la atmósfera mediterránea con una sensibilidad única. Como reflexión final, se subrayaba que esta generación de artistas estaba situando a la pintura española entre las más admiradas de Europa y sentando las bases de gran parte del arte que marcaría el siglo XX.