La conferencia de Fernando Lillo fue dedicada a la vida cotidiana de los soldados romanos, entendidos en un sentido amplio: legionarios y auxiliares. La propuesta partía de una idea muy clara: acercarnos a lo que pensaban, temían o deseaban estos hombres a través de sus propias palabras, conservadas en documentos reales. Más allá de la imagen épica del soldado en combate, la charla invitó a mirar su día a día con una perspectiva íntima, basada en testimonios escritos que permiten escuchar, literalmente, “la voz” del ejército romano.
El eje principal fue la escritura como herramienta constante en la vida militar, desde el reclutamiento hasta la licencia. Para ello se presentaron distintos soportes y materiales: el papiro (frecuente en Egipto), las tablillas de cera (reutilizables y muy prácticas) y las célebres tablillas de madera de Vindolanda (Inglaterra), escritas con tinta y dobladas como si fueran pequeñas cartas selladas. Junto a ellas aparecieron los ostraca, fragmentos de cerámica reutilizados para escribir mensajes breves, especialmente en guarniciones del desierto, donde el clima favoreció su conservación.
La conferencia recorrió un mapa sorprendente del Imperio: desde Vindolanda, cerca del muro de Adriano, hasta Suiza (Vindonissa) y las rutas militares de Egipto. En ese viaje se explicaron hallazgos arqueológicos clave y se mostraron ejemplos legibles gracias a reproducciones didácticas, realizadas en talleres y actividades educativas. A partir de esos documentos, el público pudo entender cómo funcionaba la administración militar romana, el uso cotidiano de la correspondencia y la variedad de niveles culturales dentro del ejército, con textos cuidados junto a otros llenos de “faltas” que reflejan el latín vulgar de soldados con escasa formación.
Entre los casos más llamativos, destacaron las cartas que revelan emociones y problemas muy actuales: un recluta escribiendo a su madre para tranquilizarla al llegar a destino, tensiones entre veteranos y novatos, amistades que se llaman “hermanos” en sentido de camaradería, reclamaciones de dinero prestado, peticiones de equipo (como sandalias claveteadas) o envíos de comida y ropa. También se abordó el ocio en los campamentos: tabernas, banquetes, bebida y juegos, además de documentos de servicio como salvoconductos, partes de actividad o listas de tareas diarias, que muestran una vida militar marcada tanto por la logística como por la disciplina.
El cierre de la sesión puso el foco en la dimensión social que rodeaba a los oficiales y sus familias, con piezas excepcionales como la invitación al cumpleaños de Claudia Severa a Sulpicia Lepidina, una de las tablillas más famosas de Vindolanda. Este documento, además de retratar la vida doméstica en un fuerte fronterizo, es especialmente relevante porque parte del texto podría estar escrito de puño y letra por la propia Severa, considerado por investigadores como uno de los primeros ejemplos conservados de escritura femenina romana en ese contexto. Con esta y otras lecturas, la conferencia concluyó subrayando una idea: la historia del ejército romano no solo se entiende por sus conquistas, sino también por sus cartas, sus rutinas, sus preocupaciones y esa intimidad que la arqueología sigue recuperando.